La relación de New York con el cine lleva más de 5 décadas, desde que en 1954 Marlon Brando filmó “On the waterfront”. Allí Brando personificaba a un ex luchador devenido en estibador del puerto, que se tenía que enfrentar a la mafia corrupta del sindicato.

En 1961 Blake Edwards llevó al cine la novela de Truman Capote, “Breakfast in Tiffanys”, y a partir de ese momento la joyería se convirtió en otro ícono neoyorquino, punto obligado de cualquier turista. Audrey Hepburn encarnaba a Holly Golighlty, esa party girl de los ´60, que era tan libre que ni siquiera le quería poner un nombre a su gato, porque eso hubiera sido comprometerse demasiado. Vestida de pies a cabeza por Givenchy, cuando salía el sol y se acababan las fiestas, ella iba a tomar café a la vidrera de Tiffanys.

En 1977 Woody Allen filmó esta historia de amor entre un comediante neurótico de New York (él) y una chica singular (Diane Keaton). Ella impuso la ropa masculina para mujeres -pantalones, corbatas y chalecos- y él ganó un Oscar a mejor director y película. New York prestó sus calles, sus terrazas, sus bares de jazz y “Annie Hall “no podría haber sucedido en ninguna otra ciudad del mundo.
